Los traficantes de órganos humanos matan o mutilan a tres personas cada hora en el mundo para trasplantar sus órganos a personas que puedan pagarlo, según calcula la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hoy en día los trasplantes cubren solo un 10% de la necesidad global de órganos, de acuerdo con la cifra de la OMS. Al menos, uno de cada 10 trasplantes se basa en el tráfico ilegal de órganos. El órgano más vendido es el riñón.

El perfil de la víctima suele ser un hombre de alrededor de 30 años de edad proveniente de la India, China, Rumanía, Paquistán, Brasil e incluso Turquía, de unos ingresos anuales de menos de 500 dólares. En algunos casos, la venta del órgano es voluntaria: de este modo el donante busca mejorar su situación financiera. Según la cifra de la organización Organs Watch, un indio puede recibir unos 1.000 dólares en el mercado negro por su riñón; un rumano, unos 2.700 dólares; un turco, hasta 10.000 dólares. Los clientes, por su parte, pagan a los ‘mediadores’ hasta 200.000 dólares.

Sin embargo, los expertos destacan que en muchos casos las ‘donaciones’ se realizan sin consentimiento de los donantes. Los estafadores adoptan niños para venderlos luego, secuestran familias e incluso aldeas enteras ofreciéndoles, por ejemplo, un presunto trabajo en el extranjero. Otro método es involucrar a la gente pobre en un negocio fraudulento o prestarle dinero y amenazarles luego con ir a la corte si no entregan su riñón o su bebé recién nacido.

Para resolver el problema, la OMS propone crear una red global de trasplantes. La organización deberá dedicarse a vigilar el origen de los órganos donados, supervisar las respectivas legislaciones a nivel mundial y garantizar el intercambio de los órganos donados entre diferentes países del mundo siempre que sea necesario. Sin embargo, los expertos admiten que la creación de tal sistema es una idea para un futuro muy lejano.





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