CLEVELAND (C.R.E.)

Ariel Castro, el chófer de autobús desempleado acusado de secuestrar, maltratar, violar y provocar abortos a tres mujeres estadounidenses durante una década en Cleveland (Ohio, norte), se declaró no culpable este miércoles de todos los cargos imputados, en una breve comparecencia ante la justicia.

Vestido con la clásica indumentaria de preso color naranja, Castro, de 52 años, permaneció con la cabeza gacha y no dijo una palabra mientras su abogado presentó la declaración en su nombre.

Un gran jurado dictó la semana pasada una acusación de 329 cargos contra el agresor, entre ellos, secuestro, violación y homicidio agravado, en particular por provocar un aborto a una de las cautivas.

Castro podría enfrentar la pena de muerte de ser hallado culpable de homicidio agravado, considerado un delito capital en Ohio si ocurre en el marco de un secuestro. El fiscal Timothy McGinty ya ha anunciado su intención de solicitar la pena de muerte.

Pero los abogados de Castro cuestionan la existencia de suficientes pruebas “médico legales” para demostrar que su cliente es culpable de haber puesto fin a la fuerza a esos embarazos.

“Esperamos poder llegar a un acuerdo para no tener un juicio innecesario de homicidio agravado y pena de muerte”, dijo el miércoles a periodistas el abogado defensor, Craig Weintraub.

“Somos muy sensibles a la tensión e impacto emocional que un juicio tendría sobre las mujeres, sus familias y la comunidad”.

La mayoría de los estados de Estados Unidos tienen leyes de homicidio fetal, que permiten castigar a quienes lastiman a mujeres embarazadas, a la vez que garantizan el derecho de la mujer de realizarse un aborto legal.

El secuestro y la violación no son delitos capitales a pesar de la terrible experiencia impuesta a las tres mujeres, secuestradas en la calle después de que Castro se ofreciera llevarlas a sus casas.

Castro fue detenido a principios de mayo, después de una de sus víctimas, Amanda Berry, de 27 años, lograra escapar de la casa donde permaneció recluida junto a otras dos mujeres, Michelle Knight, de 32 años, y Gina DeJesus, de 23.

Con ellas vivía también la hija de Berry, Jocelyn, de seis años. Las pruebas de ADN han confirmado que Castro era el padre de la niña, nacida en cautiverio.

Nacimiento en una piscina hinchable

La revelación de lo vivido por las tres jóvenes, secuestradas entre 2002 y 2004, horrorizó a Estados Unidos. La acusación dictada la semana pasada, que sólo cubre los primeros cinco años de cautiverio de las mujeres, ofrece relatos estremecedores.

Knight, secuestrada el 23 de agosto de 2002 a los 20 años, vivió encadenada en el sótano, donde fue violada y golpeada repetidamente. Quedó embarazada por lo menos cuatro veces.

Berry trató de escapar de la noche en que fue raptada, el 21 de abril de 2003 a los 16 años, pero fue reducida y luego violada. Castro le ató las piernas y la boca con cinta adhesiva, la encadenó en el sótano y le puso un casco de moto en la cabeza. En un momento esa noche también le ató una cuerda alrededor del cuello.

DeJesus, secuestrada el 2 de abril de 2004 a los 14 años, también fue encadenada, atada con cinta adhesiva en el sótano, golpeada y agredida sexualmente la noche en que fue secuestrada. Pero Castro tardó un mes en forzar a la menor a tener relaciones sexuales.

Un informe de la policía, que trascendió en la prensa, reveló detalles más sórdidos, como el parto de Berry en una piscina inflable el 25 de diciembre 2006, asistida por Knight, quien, amenazada de muerte por Castro, salvó a la recién nacida practicándole respiración boca a boca.

También señaló que Castro hizo abortar a Knight haciéndole pasar hambre y luego golpéandola repetidas veces en el vientre.

Las mujeres dijeron que permanecieron encadenadas en el sótano durante sus primeros años de cautiverio, pero luego se les permitió vivir en el segundo piso de la casa, sin cadenas pero encerradas.

La policía no tiene claro aún cómo ninguna de las personas que visitó en diez años la casa de Castro, ubicada en 2207 Seymour Street, se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.

“Ariel mantuvo a todo el mundo a distancia”, dijo el subjefe de policía Ed Tomba poco después de la detención.

Fuente: AFP.





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