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Héctor Napolitano, o "Viejo Napo" para sus fans

Héctor Napolitano, o "Viejo Napo" para sus fans

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29/08/2006 | 12:50
Héctor Napolitano

“Soy como el pana del barrio”

Yo sí hice el esfuerzo por ser conocido y cuando sales a la luz pública lo mínimo que puedes hacer es que conozcan tu obra. Ahora puedo estar agradecido y contento por el cariño y la aceptación de la gente…”

Guayaquil (CRE).-

"Ver a Héctor Napolitano en concierto es como estar en una chupa con los panas; su forma de tocar, cantar y el trato con el público te hacen sentir de esta manera…" así reza uno de los tantos comentarios que se pueden leer en Internet, sobre este músico ecuatoriano. En esta ocasión, lo escribe un emigrante que, a lo lejos, recuerda una noche de entretenimiento junto a este virtuoso guitarrista, que aprendió a hacer de los espacios de Guayaquil, los mejores escenarios para derrochar talento.

"Héctor Luís", Napo" o el típico "Viejo Napo", son algunos de los calificativos que sus más allegados emplean para dirigirse a él. Su producción musical es una narración de realidades vividas, que van desde sones, jazz, blues, hasta pasillos. Canciones que constituyen una fuente de expresión y que han recorrido los diferentes gustos; pues ahora, también llama la atención de los jóvenes. "Mis composiciones normalmente son cosas de la cotidianidad. Me encasillo dentro de la música urbana, es la música que hacen los chicos de la ciudad desde las esquinas; es una mezcla de protesta y le llaman la canción comprometida. Tengo también un buen sentido del humor para recordar las desdichas del amor, entonces ahí tienen "cangrejo criminal" o "gringa loca", que hablan de separaciones y fracasos amorosos." Nos cuenta.

Recuerda que sus apegos por la música iniciaron cuando a penas tenía 8 años. "A mi casa llegó a vivir un ahijado de mi mamá. Entre sus pereques había una guitarra; al verla, ésta brillaba como que tuviera una luz interior. Cuando este chico se empezó a relacionar con otros músicos que tenían guitarras eléctricas, dejó abandonada la guitarra de madera. Prácticamente me la robé, la escondí en una guardilla y ahí comencé a practicar de acuerdo a lo que yo veía y escuchaba". Tal como asegura, esto fue solo el principio, pues a los 15 años empezaría a demostrar su gran capacidad para componer. "Yo soy un improvisador. Desde muy joven improvisé: Ahí es donde tú fluyes mentalmente, con el instrumento inventas los sonidos sobre el momento. Realmente me fascina lo que hago." Reitera.

Así es Héctor Luís Vicente Napolitano Galarza: un hombre sencillo y franco, que gusta de las cosas simples que brinda la vida. Sus dotes de soñador e ilusionista, lo obligaron a abandonar su Cerro del Carmen, para trasladarse a Quito por más de una década y, posteriormente, viajar a Galápagos, en donde, durante 10 años, hizo de la pesca y la agricultura sus otras aficiones. Pero el "Viejo Napo" volvió, y hoy está aquí para cantarle a Guayaquil, pues encuentra en ella más de un mérito para galardonarla. "Esta ciudad es una mujer, caliente y ardiente; es una mujer activa, hermosa. Esa belleza me cautiva sobre todo porque el haber regresado ahora viejo, me cuida, me amanta, me hace el amor".

Pero de los escenarios a la cocina. "Napo" revela ser un cocinero de cepa. Ya en los años 70 lo habría demostrado, primero, como panadero y luego como dueño de un restaurante vegetariano. "En esa época prácticamente yo dejé de tocar en la vida pública. Tuve un maestro y aprendí a meditar, me convertí en un devoto que trataba de limpiar su camino y conocerse". Un un rumbo que lo llevó a entender lo que era la fama, un objetivo de muchos, que asegura no interesarle. "Si tú crees que eres lo que el periódico dice, entonces te inflas como un globo y sales volando. A mi me gusta que la gente me quiera, pero eso no me pone resbaloso y arrogante".

A lo largo de su trayectoria artística, no solo se ha ganado el reconocimiento del público. Con satisfacción enumera a sus 9 materiales discográficos que grabó solo y junto a otras agrupaciones, entre ellas, la Armada Nacional. Son resultados que no fueron fáciles de conseguir. "Fui a las radios y si bien ahora pasan mis canciones, antes no me daban bola. Yo sí hice el esfuerzo por ser conocido y cuando sales a la luz pública lo mínimo que puedes hacer es que conozcan tu obra. Ahora puedo estar agradecido y contento por el cariño y la aceptación de la gente…" Para quienes gustan de su música, para el mes de octubre, presentará su nuevo disco, al que denominará "Sancocho de hueso blanco". Pero, ¿por qué el nombre? "Porque me gusta lo informal, me gusta que la gente se identifique con lo diario, no me quiero complicar con meta-lenguajes y hacerme la vida imposible a mí y a los demás".

Napolitano, quien nació un 29 de noviembre de 1955, cursó hasta el cuarto año del colegio Aguirre Abad. Pues aunque le hubiese gustado ser un buen médico, recuerda que desde muy pequeño, estudiar, no fue lo suyo. "Desde que tenía 11 años yo ya sabía que iba a ser músico y que en algún momento me iba a retirar de la obligación de asistir a un centro en donde no me enseñaban lo que yo quería: la música". Sin embargo, por su labor, ha recibido condecoraciones del Estado ecuatoriano, por su aporte al desarrollo y a la búsqueda de las ramificaciones culturales. No obstante, asegura que esto no lo entusiasma del todo, "es un reconocimiento entre comillas". Lo que en realidad le agrada es saber que día a día puede llegar más la gente.

"Napo" nunca se ha casado. Pero para este padre de 5 hijos, si hay otra cosa que lo apasione, aparte de la música, son los niños y las mujeres. "Yo tengo alma de polígamo, me hubiese gustado ser un sultán y tener 40 mujeres, una por noche. Pero en realidad, yo no ando con una o dos a la vez, eso que quede claro", ríe.

"Las épocas van cambiando" y este guayaquileño de 50 años, ya no es el mismo. Con el tiempo aprendió que hay que saber disfrutar la existencia, siempre admirándose de las cosas simples. Cuando se menciona sus proyectos, dice. "A largo plazo, ninguno, solo vivir. Gozo del día a día. Pero me gustaría construir mi casita en el cerro, con vista al río; terminar de hacer mi casita en Galápagos, frente al mar; mecerme en una hamaca para contemplar las gaviotas, sentir la brisa y escuchar el reventar de las olas".

Por: Lisbeth Zumba R.
lis28beth@hotmail.com

 

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