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Opinion

 

Rubén Darío Buitrón
rubendariobuitron@yahoo.com

Si me permite, Presidente

Cuando se difundieron los videos del ministro de Economía usted dijo, Presidente, que no tendría problema en que aparecieran más grabaciones: “Por ahí dicen que hay 30 videos más. Difúndanlos, porque cuando uno tiene las manos limpias no hay nada que temer”.

Después se conoció otra grabación. En ella, el ministro de Deportes aseguraba que era el dueño del circo y que usted hacía lo que él ordenaba, pero a usted eso no le molestó. Por el contrario, aseguró que no había de qué preocuparse porque seguramente fueron palabras dichas en momentos de tensión cuando se integraba el equipo de gobierno.

Hasta hace poco creíamos que sus exabruptos contra la prensa eran solo una estrategia de popularidad. Pensábamos que algún asesor, basado en encuestas y focus group, le habría aconsejado atacar a los medios porque, supuestamente, todos ellos representan al viejo país. Desde un populismo irresponsable, la idea era conseguir la adhesión de millones de compatriotas.

Resultó irónico que un viernes su ministro de Gobierno anunciara al país que usted no volvería a referirse a los medios de comunicación y al día siguiente, quizás entusiasmado con las barras que lo aplauden ciegamente, volviera con sus diatribas furibundas.

Lo que ocurrió con la periodista cuencana Sandra Ochoa (a la que agredió verbalmente) y su calificativo de “bestias salvajes” contra los medios no fueron sino señales decisivas de que en su batalla ya no habría bandera blanca.

Ahora entendemos que sus ataques a los periodistas son una táctica de distracción: usted no tolera preguntas que lo incomodan y solamente contesta las inquietudes que le parecen pertinentes. Por ejemplo, las que cada sábado le hacen los periodistas que trabajan a su servicio y que cumplen el papel de reverentes altavoces de su manera de reflexionar sobre la realidad del país, con muchos adjetivos y pocos verbos.

Hoy queda claro que esos ataques no son solo una estrategia electoral sino una razón de Estado. A un gobierno aparentemente convencido de que la revolución ciudadana se hace atropellándolo todo, rodéandose de una cuestionable meritocracia y creando teatros de operaciones para la beligerancia retórica, no le conviene que existan escenarios para disensos, deliberaciones, desacuerdos, críticas, debates, confrontaciones de ideas. ¿Por eso el decreto para impedir la divulgación de videos?

Es cierto, Presidente, que la prensa tiene mucho que corregir, que comete errores, que le falta sistematizar la autocrítica, que debe profundizar el pluralismo. Pero, con todas sus limitaciones, la mayoría de medios (y usted debería diferenciarlos) intenta cumplir su responsabilidad social como espacios donde la democracia se mira a sí misma, se juzga, se construye, se evalúa, se corrige.
 
Si me permite, Presidente, antes de intentar amordazar al periodismo admita y atenúe sus excesos. Deje que la información fluya sin ninguna traba. Asimile las críticas. Tolere los disensos. Rectifique.


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